16 September 2019 05:07 AM

La incitación a la violencia no es “libertad de información”

Tuesday، 18 November 2014 - 12:00 AM

 

Yasser Abdel Aziz

Artículo publicado en el periódico Al-Masry Al-Youm, el 1 de Noviembre de 2014, por  Yasser Abdelaziz

En julio de 2004, el Consejo Superior Audiovisual francés decidió presentar una solicitud al Consejo de Estado para autorizar la suspensión de la emisión del Canal Al-Manar para Francia a través de los satélites europeos. Es lo que efectivamente se llevó a cabo en el mismo año, después de que las autoridades de Información  francesas acusaron a dicho canal por “emitir un contenido insoportable”.  

En aquellos momentos, el Canal de Al-Manar emitía una telenovela árabe que las autoridades francesas consideraron antisemita además de una serie de programas y prácticas que las susodichas autoridades consideraron “perjudiciales e instigadores al odio”. Lejos de la evaluación profesional y política del contenido que ofrece el canal Al-Manar por un lado, y la posición francesa de la cuestión de Oriente Medio y sus diferentes partes por otra; lo que nos interesa en esta historia concretamente es la reacción del sistema público en Francia y su capacidad de defender y garantizar la libertad de opinión y de expresión y al mismo tiempo de intervenir por medios legales y reguladoras para frenar las prácticas informativas “agudas e ilegales” si se da el caso.  

Otra historia que tiene que ver con Francia, nos puede aclarar mejor el funcionamiento de este mecanismo.  

En 2010, las autoridades del Consejo Superior Audiovisual contactaron con el presidente de la empresa egipcia “Nilesat”, la propietaria del satélite que lleva el mismo nombre, pidiéndole que intente inmediatamente suspender la emisión de un canal religioso concreto que forma parte del paquete de canales que emite Nilesat y que forzosamente aparecen a través del satélite Eutelsat debido a la modalidad de cooperación bilateral entre ambos.  

Cuando pregunté a la empresa egipcia por esta rara petición, la respuesta fue que “tal canal emite un contenido que agravia a los seguidores de una religión determinada e incita a odiarles y discriminarles”.

La empresa egipcia obedeció en seguida dicha petición.  

¿Por qué recurrimos a estas dos historias ahora?

Hay una impresión dominante entre algunos periodistas de que la libertad de información significa dejar a cualquiera decir y hacer lo que quiera por más de que su actuación profesional sea aguda e ilegal. Al mismo tiempo, una impresión diferente reina entre otros informadores de que es posible reprimir las libertades informativas por motivos políticos o intelectuales. Son dos impresiones erróneas.  

Sin duda ya no se puede reprimir los medios de comunicación siempre que el desempeño profesional de los mismos no constituye un crimen en sí mismo.  Sin embargo, ningún estado cuerdo del mundo permitiría que se cometieran crímenes a través de los medios sin llamarles la atención ni  rendirles cuentas.

Cuando la práctica informativa incluye injurias y agravios sin pruebas irrefutables o se deja llevar por la incitación a la violencia, el odio, la discriminación entre los ciudadanos u ofensas a las creencias y las religiones, incluso las sociedades más libres y democráticas intervienen para frenar tales prácticas.

Las dos historias del Consejo Superior Audiovisual en Francia nos dan un indicador claro al respecto. En todo caso, son actuaciones de las que hay que aprender e inspirarse para regular nuestra realidad informativa.

Hace pocos días, se ha publicado una noticia en la que el presidente de la empresa Nilesat, Ahmed Anis, aseguraba que “todos los canales que incitan a la violencia contra el estado y el ejército no se emiten a través del Nilesat. Que dichos canales tienen contratos con una empresa jordana y que se emiten a través del satélite francés Eutelsat que gira en la misma órbita del Nilesat, lo que hace que dichos canales se vean a través del Nilesat como si se  estuvieron emitiendo a través de este último directamente”. 

Tenemos que defender la libertad de información y prohibir el abuso de la misma para cometer crímenes de incitación a la violencia y al odio. Para ello, podemos orientarnos por lo que hacen los países avanzados que cuenta con mejores regulaciones. Debemos pedir a Eutelsat y a la empresa jordana frenar la emisión de dichos crímenes igual que lo que hicimos con las peticiones de los franceses motivadas por su deseo de proteger sus valores y su estado.   

Noticias Relacionadas

Más visitado

From To