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Versión egipcia de lo que pasó en Egipto

Tuesday، 23 December 2014 - 12:00 AM

Abdel Monem Said

Artículo de Abdel Monem Said, publicado en Ashrak Al-Awsat, 3/12/2014

A lo largo de los meses pasados, el punto de vista del mundo sobre lo que pasó en Egipto desde el derrocamiento del presidente, Mohamed Morsi-el 3 de julio de 2013- hasta lo conocido por los incidentes de "Rabaa" y "Al-Nahda"- el 14 de agosto del mismo año- se fue formando a través del informe de la organización estadounidense Human Rights Watch (HRW). Esta organización “defensora de derechos humanos” pretendió haber indagado este periodo de la historia egipcia y haber llegado a conclusiones que condenan las autoridades egipcias y casi exculpan a la Hermandad Musulmana y sus aliados.  

Ahora, ya se ha emitido el informe de la Comisión Egipcia que investigó los actos de violencia que fueron acaeciendo en Egipto desde el 30 de junio hasta la emisión del informe. Dicha comisión se formó por una resolución del presidente interino, Adli Mansur, y fue presidida por el  juez internacional (fue juez en los juicios de Bosnia) y el catedrático de derecho, Fuad Abdelmoneim Riad, que formó un grupo de las mejores figuras judiciales egipcias reconocidos por su honradez para investigar el asunto.  

Las conclusiones de la Comisión discrepan mucho de las de la organización norteamericana empezando por el mismo principio y fin de los actos de violencia. Para la organización estadounidense el inicio del período de actos violentos investigado fue el 30 de junio, al estallar la segunda revolución egipcia y hasta los incidentes de “Rabaa”. En cambio, la Comisión de Investigación egipcia situó el inicio de este período en el día 21 de junio de 2013 cuando los pertenecientes a la Organización de los Hermanos Musulmanes y sus aliados empezaron a congregarse en las plazas públicas amenazando a los que potencialmente iba a manifestarse en 30 de junio. La discrepancia no se limitó solo al inicio sino también al fin, ya que HRW sólo investigó los incidentes de Rabaa y los acaecidos inmediatamente después mientras que la Comisión Egipcia estableció dos líneas investigación: una temporal que se extiende hasta el momento, y otra temática que no incluye únicamente a los hechos relacionados con las facciones del "Islam Político" que se hicieron más brutales tras los acontecimientos de Raba sino que se extendió para englobar todas las formas de violencia contra los niños, el acoso sexual y la ley de manifestación.

La 2ª diferencia fue sobre las fuentes de la información de la organización y la comisión. HRW se basó principalmente en fuentes pertenecientes a los hermanos musulmanes y compañía y sus medios de comunicación mientras que la Comisión -aunque fracasó en obtener la opinión de la hermandad- contó con unas fuentes objetivas bastante amplias. No incluyeron sólo las fuentes públicas conocidas y las actas de la Fiscalía y los interrogatorios sino también todos los informes de anatomía de los cadáveres, los permisos de entierro, las pruebas penales y los encuentros con los presos.

El tercer desacuerdo fue sobre la pacificidad de las manifestaciones ya que desde el punto de vista de la organización de HRW las armas eran escasas y la mayoría de las manifestaciones y acampadas fueron pacíficas; la opinión indudable de la comisión fue que éstas eran armadas con varios tipos de balas, explosivos y productos químicos además de cócteles molotov y armas blancas. El uso de todo este material fue sistemático incluyendo la utilización de los desarmados como parapetos para poder usar las armas de fuego.

 La 4ª divergencia tuvo que ver con la conducta de los acampados puesto que la organización -ignorando lo pasado entre el 21 de junio y el 30 de junio- opinó que las acampadas “pacíficas” eran mansas y expresaban de manera sosegada su opinión dentro de los lugares de la protesta. En cambio, la Comisión pone los puntos sobre las íes: la violencia empezó efectivamente desde el 21 de junio perturbando el tráfico en la capital y asustando a los residentes en los alrededores de los lugares de agrupación de los Hermanos Musulmanes y sus aliados. Dado que los puntos de partida fueron diferentes, las conclusiones también lo fueron. Mientras que HRW consideró que los incidentes del Club de las Fuerzas de la Guardia Presidencial y similares en aquellos momentos eran claros ataques de la policía y del Ejército a manifestantes inocentes; la Comisión fue contundente a la hora de afirmar que los acampados no quedaron en sus acampados sino que hacían asaltos fuera de los mismos que incluyeron un asalto al Club de la Guardia Presidencial que insistían completamente a invadir. A pesar de los sucesivos avisos, iniciaron el asalto que acabó con 2 muertos y 14 heridas y a raíz del cual las fuerzas armadas replicaron.

La 5ª discrepancia se encuentra en lo que pasó el 14 de agosto de 2013, HRW adoptó una actitud que hace lo ocurrido en China- en la Plaza  de Tiananmen - hace un cuarto de siglo un tipo de matanza colectiva.  

Partiendo de este punto de vista, HRW vio que la policía no hizo las suficientes advertencias a los acampados y cuando lo hizo no fue oíble. Asimismo, cuando empezaron el desalojo, no usó de la fuerza de forma gradual y ni siquiera que no dejó ninguna vía segura y suficiente para la salida de los manifestantes y como consecuencia más de un millar de éstos perdieron la vida. En este contexto, la comisión pone los hechos en su justa dimensión, e incluso reproduce lo visto en las pantallas de la tele puesto: que se pidió a las cadenas de televisión y a organizaciones de defensa de derechos humanos asistir al desalojo; se avisó -más de una vez- mediante megáfonos y primero se utilizaron las armas de fogueo y después los cañones de aguas y las gases lacrimógenos. No se empezó el uso de armas hasta que algunos de los manifestantes, tanto desde dentro como desde fuera de la sentada, desde los edificios contiguos de la misma, rompieron a disparar contra la policía.

Al final del todo, el balance del día 14 de agosto no llegó en absoluto a ser mil víctimas. En cualquier caso, pese a la gravedad de los muertos, lo ocurrido fue responsabilidad de un grupo de los acampados en Raba que insistieron en no desalojar la plaza a pesar de las advertencias y el uso intensivo de armas y de barricadas humanas. Sin embargo, el resto de los acampados salieron por la vía segura establecida por la policía. Por otro lado, En-Nahda, los manifestantes reclamaron la intervención del gobernador de Giza para negociar una salida segura. De hecho su reivindicación fue positivamente respondida y salieron del edificio de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de El Cairo donde se habían refugiado. ¡Lo asombroso es que justo después de su salida, se incendió uno de las plantas del edificio!

Con el desalojo de Rabaa Al-Adawiya no se acabó la historia para la Comisión, sino que siguió también la violencia de la Hermanos Musulmanes y sus seguidores al asaltar los tribunales, las comisarías de Policía, los edificios públicos recurriendo a los incendios y a las diferentes armas. Su violencia fue escalando hasta tomar la forma de organización sangrienta en el Sinaí denominada “Ansar Beit al Maqdis” cuyos actos fuera se extendieron de dicha península hasta el Valle del Nilo y a veces hasta el Sáhara Occidental.

En definitiva, la diferencia fundamental entre la Comisión y la Organización de HRW es que mientras la primera procurar  incitar a la opinión pública mundial contra Egipto, la Comisión puso una serie de recomendaciones importantes al Estado egipcio, algunas de carácter político y otros de índole jurídico. Aunque la comisión atribuyó la responsabilidad política y penal de los incidentes a los Hermanos Musulmanes, su informe no careció de críticas al cuerpo de policía por su insuficiente formación que podría haber disminuido el número de víctimas. Criticó también al Estado por la ley de manifestación que estimó la necesidad de modificarla. El informe a grandes rasgos es un  loable testimonio objetivo de auto-sinceridad. 

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