17 June 2019 09:51 AM

Carta al embajador alemán en El Cairo

Sunday، 21 February 2016 - 04:07 PM

Buenos días excelentísimo embajador
Me he enterado de que el presidente del parlamento europeo, Norbert
Lammer, miembro del partido socialdemócrata que preside la Canciller
alemana Angela Merkel, rechazó recibir al presidente egipcio Abdelfatah
Al-Sisi en señal de protesta por las violaciones de los derechos humanos
en Egipto. En este contexto, les envío, excelentísimo embajador, tres mensajes:  
Primero: los alemanes nos han enseñado y luego nos reprochan.  ¿Qué
hubiera pasado si el pueblo alemán, tanto la élite como los aparatos de
gobierno y la percepción popular de las masas, hubiera advertido los
peligros del régimen nazí durante el primer año del gobierno de Hitler?
¿No habría desecho del mismo en vez de dejarle en el poder desde 1933
hasta 1945 llegando a destruir la mayor parte de Europa y causar la
muerte de cientos de millones de seres humanos? Hemos aprendido de su
experiencia que no debemos tener demasiada confianza en los eslóganes
democráticos hasta el punto de poner en riesgo el futuro de nuestro país
y nuestra zona incluso si la fuente del peligro sea el mismo presidente
elegido democráticamente. Hablo de mí mismo. Estaba lo suficientemente
cerca de los componentes de la escena política en Egipto en 2013 y vi
los cuantiosos intentos llevado a cabo por los cuerdos y los patrióticos
para convencer al Dr. Morsi y su organización de que los Hermanos
Musulmanes deben formar parte de Egipto y no al revés. Morsi me prometió
personalmente, igual que lo hizo públicamente a millones de egipcios, e
incumplió su promesa de modo que me confirmó que está jugando con la
voluntad de la nación o al menos no la respeta. Hemos aprendido la
lección de sus errores señor mío, no nos reprochen. Si el tiempo
volviera atrás y hubieran tenido la oportunidad de nuevo, no hubieran
elegido a Hitler. Y si lo hubieran hecho, hubieran sublevado contra él
en una semana. Lamentablemente, igual que hicieron una “denazificación”,
es decir que tomaron diversas medidas para deshacerse del pensamiento y
la organización nazí tras 12 años del gobierno de Hitler, pasamos por
una etapa de “Deikhwanization”, es decir deshacernos del pensamiento y
de la organización de los Hermanos Musulmanes tras 80 años de su
existencia en la sociedad. Lamentablemente es un proceso, como lo saben
por vuestra lectura de la historia de su país, cargado de posibles
violaciones y previsibles injusticias.  
Segundo: las violaciones de derechos humanos en Egipto lamentablemente
existen. Son violaciones no sólo de los individuos del aparato estatal
contra los ciudadanos sino también de los ciudadanos contra sus propios
compatriotas. Es un reflejo de algunas deformaciones de la personalidad
egipcia que vienen desde lejos. Es una cuestión que necesita que lo
tratemos en breve. He dirigido  claras críticas, en lo público y en lo
privado, al actual régimen por varias razones entre ellas el descuido de
la preparación del ciudadano egipcio. Pero no se me olvida que la
violación más grave de derechos humanos es la situación denigrante de
pobreza en la que viven millones de egipcios. Si de verdad están
preocupados por los derechos humanos en Egipto ¿por qué no empiezan a
luchar contra la pobreza en Egipto con grandes proyectos orientados a
esta finalidad? El presidente egipcio me dijo en una reunión conmigo
hace dos días que uno de los responsables extranjeros le preguntó ¿Por
qué no permitís la libertad de manifestación? Su respuesta fue: “Estoy
de acuerdo, resuélvame los problemas económicos de Egipto y seré el
primer en salir a liderar las manifestaciones personalmente todos los
días”. El presidente aclaró que no está en contra del derecho a la
manifestación sino del reflejo negativo del mismo sobre  la vida de los
egipcios.        
Tercero: los hermanos musulmanes no representan una oposición patriótica
honesta. Los egipcios se están convenciendo cada vez más de que
constituyen una grieta en la identidad nacional egipcia, y que se han
convertido en una “casta” que se casa y se reproduce sobre valores que
perjudican el concepto de ciudadanía y del estado nacional. Llegaron a
adoptar una política compuesta de tres dimensiones: agotar a la sociedad
(manifestaciones, explosiones, suspensión de actividades, destrucción
de infraestructuras, intimidación de los inversores y de los turistas),
arruinar al estado (a través de propaganda negativa tal como hablar del
ejército del golpe, la judicatura del golpe, poner en duda el
patriotismo de las instituciones del estado entre las diferentes
generaciones), derrocar el régimen (atribuir todo descuido, desidia o
desgracia a la persona del propio presidente y sacar provecho de
cualquier error o negligencia para incitar masas críticas que sufren
injusticias claras). Los
Hermanos Musulmanes triunfaron en el fracaso, hicieron que su batalla
no sólo sea contra el estado “profundo” sino también contra la “sociedad
profunda”, es decir contra las constantes nacionales sobre los que se
crió la mayoría de los egipcios durante largos siglos.  
Como ciudadano egipcio, rechazo la exageración en las sentencias de la
pena capital y por supuesto me opongo a cualquier violación de los
derechos humanos, pero al mismo tiempo rechazo que cualquier responsable
alemán o de otra nacionalidad piense que poner en evidencia al
presidente de Egipto nos derrotará contra quien practica la trilogía:
agotar a la sociedad, arruinar al estado, derrocar al régimen.
Si los hermanos musulmanes, quieren frenar el derrame de sangre,
tienen la pelota en su tejado. Si los alemanes nos quieren ayudar, la
pelota también está en su tejado. Espero que pueda mandar este mensaje al profesor Norbert Lammer.

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