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Preámbulo

Sunday، 01 June 2014 12:00 AM

Con el nombre de Alá, el Clemente y el Misericordioso         

(Traducción no oficial)

 

Esta Es Nuestra Constitución

 

Egipto es el don del Nilo y el don de los egipcios a la humanidad.

 

Con su posición  singular y su historia destacada, Egipto es el corazón del mundo entero. Es el punto de convergencia de sus civilizaciones y culturas, el cruce de sus vías marítimos y de comunicación. Es la testa o la parte alta del continente africano, que da al mediterráneo y, la desembocadura del mayor río de África: el Nilo.

  Esta es Egipto, patria eterna para los egipcios y  mensaje de paz y amor a todos los pueblos.

En el albor de la historia, nació intacta la conciencia humana y afloró en el corazón de nuestros antecesores, cuya pura voluntad se unió para fundar el primer Estado central que  reguló y organizó la vida de los egipcios a las orillas del Nilo. Es donde innovaron las bellísimas maravillas de la civilización y estrenaron sus primeras miradas de ojos y corazones hacia al cielo incluso antes de que la Tierra conozca las tres religiones divinas. Por tanto, Egipto es la cuna de la creencia en Dios  y la vanguardia de las religiones celestes.

En su territorio se crió el Profeta Moisés quien habló cara a cara a Alá cuando se le apareció en el monte de Sinaí – el monte de Dios– y a Moisés le iluminó su corazón y le comunicó el mensaje divino.

En su territorio, los egipcios dieron una buena acogida a la virgen María y a su bebé, y luego sacrificaron miles de mártires en defensa de la iglesia del Señor, Jesucristo, que la paz sea con él.   

 

Y cuando Mohamed,  Sello de los Profetas (que la paz y la bendición sean con él) fue enviado para toda la humanidad a fin de perfeccionar las sublimes morales, se abrieron a la luz del Islam nuestros corazones y razones, y fuimos calificados como los mejores soldados de la tierra por nuestra lucha y defensa de la religión musulmana y la difusión del mensaje de la Verdad y las ciencias de la religión islámica en el mundo.

Egipto no es una patria en que vivimos sino una patria que en nuestras almas vive.  

En esta época moderna, se han iluminado las mentes y desarrollado la humanidad, y las naciones y los pueblos han avanzado en el camino de la ciencia izando las banderas de la libertad y la igualdad. Mohamed Ali fundó el estado egipcio moderno cuyo pilar ha sido formar un ejército nacional. Refaa, uno de los ulemas de Al-Azhar, consideró la patria “un lugar de felicidad compartido entre toda la gente”. Nosotros, los egipcios, nos hemos esforzado para avanzar y presentado muchos sacrificios y mártires en muchas protestas y revoluciones hasta que nuestro ejército nacional apoyó la aplastante voluntad popular en la revolución del “25 de enero-30 de junio” que reclamó pan, libertad, dignidad  y justicia social para todos y para Egipto con la finalidad de que recupere su voluntad independiente.

Esta revolución, que es la continuidad de una lucha nacional cuyos símbolos notables fueron Ahmed Orabi, Mostafa Kamel, Mohamed Farid y se  culminó con dos gloriosas revoluciones en nuestra historia moderna:  

 

La revolución del 1919 que liberó Egipto de la carga del protectorado británico, asentó el principio de la ciudadanía y la igualdad entre todos los compatriotas. Su líder, Saad Zaghloul, y su sucesor, Mostafa Al-Nahas, que apostaban por la democracia, aseguraron que “la razón está por encima de la fuerza y la nación está por encima del Gobierno”. Durante esta revolución, Talaat Harb puso la piedra angular de la economía nacional.  

 

La Revolución del “23 de julio de 1952”, liderada por Gamal Abdelnasser y abrazada por la voluntad popular, ha hecho realidad el sueño de las generaciones egipcias en la independencia y la evacuación de las fuerzas extranjeras. Egipto afianzó su pertenencia árabe; se abrió al continente africano y al mundo islámico; apoyó a los movimientos de liberación transcontinentales y dio pasos firmes en el camino de desarrollo y de la justicia social.  

Esta revolución es en buena medida extensión del recorrido revolucionario del patriotismo egipcio. Afianza, además, los estrechos lazos entre el pueblo egipcio y su ejército nacional que asumió la responsabilidad de proteger la patria y que nos ha ayudado a lograr tantas victorias en distintas grandes batallas desde la derrota de la Agresión Tripartita en 1956 hasta el sobrepaso de la derrota de 1967con la gloriosa victoria de Octubre de 1973 que concedió al presidente As-Sadat una posición especial en nuestra historia reciente.  

 

En comparación con las grandes revoluciones de la humanidad, la del “25 de Enero-30 de Junio”, es sin par por la masiva movilización popular -estimada en decenas de millones- y por el papel prominente de los jóvenes que aspiraban a un brillante futuro. Es también única por la superación de las multitudes de las barreras de clases e ideologías hacia horizontes nacionales y humanos más amplios,  por la protección del Ejército de la voluntad popular y por el beneplácito de Al-Azhar y de la Iglesia Nacional a la misma. Es además singular por su pacifismo  y su aspiración a lograr tanto la libertad como la justicia social.   

Esta revolución es a la vez una señal y un augurio. Una señal a un pasado que se ve desafiante y un augurio a un futuro que queda aspirado por toda la humanidad.

Actualmente, el mundo está a punto de pasar página a una era rota por el conflicto de intereses entre el Oriente y el Occidente y, el Norte y el Sur. En ella las luchas y las guerras se estallaban entre las distintas clases y los diferentes pueblos. Por ello, se agravaron los peligros que amenazan la propia existencia de la humanidad y la vida en la tierra que a nosotros Allah nos confió para aprovechar y preservar. Mientras que la humanidad espera pasar de la época de la madurez a la de la cordura para construir un nuevo mundo donde prevalece la verdad y la justicia y, donde la libertad y los derechos humanos son valores  salvaguardados, nosotros los egipcios creemos que nuestra revolución implica volver a contribuir en la escritura de una nueva historia para la humanidad.

A nuestro ver,  los egipcios somos capaces de inspirarse del pasado, manejar bien el presente y abrir nuestro camino hacia el futuro. Que somos capaces de levantar  a nuestra patria y llevarla a la prosperidad.  

Creemos que cada ciudadano tiene derecho a vivir en el territorio de esta patria salvo y seguro y que tiene derecho a vivir en el presente y en el futuro.  

 

Creemos en la democracia como vía, como futuro y como estilo de vida así como en el pluralismo político y la alternancia pacífica del poder. Aseguramos el derecho del pueblo a forjar su futuro. El pueblo egipcio es la única fuente de todos los poderes. La libertad, la dignidad humana, la justicia social son  derechos de todo ciudadano. Nosotros y nuestras generaciones venideras somos los dueños en una patria soberana, dueña de su destino.  

Escribimos ahora una constitución que encarna el sueño de las generaciones en una próspera y consolidad sociedad y un estado que logra las ambiciones del presente y el futuro para el individuo y para la sociedad.  

Escribimos ahora una constitución que completa la construcción de un estado moderno y democrático que cuenta con un gobierno civil.

 

Con esta constitución cerramos los resquicios a la corrupción y la tiranía y curamos las heridas que sufrimos desde los tiempos del Campesino Elocuente hasta las víctimas de la negligencia, y los mártires de la revolución en nuestros tiempos y levantamos la injusticia que pesa sobre nuestro pueblo que tanto ha sufrido.

 

Es una constitución que afirma los principios de la sharia islámica es la fuente principal de la legislación, y que la referencia a la hora de interpretar los mismos reside en el conjunto de las sentencias del Tribunal Constitucional en este sentido.  

Escribimos una constitución que nos abre el camino del futuro y que sea coherente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos en cuya elaboración hemos colaborado y la hemos aprobado.  

Es una constitución que salvaguarda nuestras libertades, proteja nuestra patria frente todo lo que le pueda amenazar o amanece.

Escribimos una constitución que logre la igualdad en los derechos y los deberes sin ninguna discriminación.

Nosotros las ciudadanas y los ciudadanos, nosotros el pueblo egipcio, los dueños en esta patria soberana, esta es nuestra voluntad y esta es la constitución de nuestra revolución.

En definitiva,  es nuestra Constitución y nuestra opción.     

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