24 May 2022 11:00 AM

Exteriores responde a un artículo sobre Egipto publicado por The Economist

Sunday، 14 August 2016 - 12:29 PM

En una respuesta a las insultas e injurias a Egipto por la revista The Economist,   el portavoz del ministerio de Exteriores, Ahmed Abuzeid, publicó en el blog del ministerio un artículo titulado "La ruina de The Economist":

Al leer el último número de la revista The Economist  que abarcó una serie de artículos sobre Egipto bajo el título "La ruina de Egipto", estaba muy sorprendido. Esperaba de la revista líder en el análisis económico y financiero The Economist, presentaría un análisis objetivo que se centra en la evaluación y valoración de las cualidades de las políticas económicas de Egipto en los últimos meses. Al contrario, los artículos de The Economist insisten evitar todos los aspectos del análisis objetivo centrándose, en cambio, en insultar a la persona del presidente de Egipto. Es ciertamente lamentable e incluso vergonzoso, que una profesional revista utiliza unos términos subjetivos e insultantes, por motivos políticos, para describir las políticas económicas de Egipto y atribuirlos al jefe de Estado. Mucho menos, encontramos un análisis pobre y superficial de la economía egipcia y los desafíos que afronta. También es lamentable que los términos peyorativos utilizados en el editorial de la revista no se hallan en armonía con los datos mencionados en los artículos sobre Egipto, lo que demuestra la existencia de una tendencia desafortunada hacia la creación de estereotipos de la región y de Egipto, pretendiendo que está sumida en el caos sin tomar en consideración los hechos y los avances realizados.

De conformidad con este estereotipo, la revista supone que el presidente, Al-Sisi, asumió el poder mediante un “golpe de Estado” subestimando completamente la voluntad del pueblo egipcio tanto los millones que se han manifestando para derrocar al hombre de los hermanos musulmanes, Mohamed Morsi, como los millones que han votado por una abrumadora mayoría a favor de la elección del presidente Al-Sisi. Este artículo le acusa al Sisi de “incompetencia” en la gestión de las políticas económicas de Egipto ignorando que esas políticas se basan en la consulta de un grupo de los destacados economistas egipcios, “El Grupo Económico”, y unas instituciones enraizadas en el Estado. Reconozco la existencia del desacuerdo o digamos que es posible que extremadamente difiramos de los méritos de las políticas económicas aplicadas en Egipto. Todo ello estaría totalmente bienvenido pero en el marco de una crítica constructiva porque incluso los expertos económicos difieren sobre la naturaleza de la requerida política económica en un tiempo dado. Sin embargo, desagradecidamente, la revista The Economist no se ha esforzado para presentar un profundo análisis o una rápida pista sobre estas políticas sino que ha llegado a una conclusión imprudente de la incompetencia. De ahí y dando la bienvenida a cualquier opinión constructiva, deseo reiterar que el Gobierno egipcio formado por un grupo de ministros de alta profesionalidad es el responsable de establecer las políticas adecuadas en Egipto. El mandatario, Al-Sisi, no asume la responsabilidad parcial de las instituciones del Estado ni adopta políticas económicas en vano puesto que está rodeado por unos especialistas y banco central independiente además de un gobierno de profesionales pertinentes de tomar la decisión ante el Parlamento y el pueblo, así como que tienen la autoridad definitiva en decidir si la política seguida es correcta o “incompetente”. Las observaciones de The Economist están equivocadas que reflejan una ignorancia total de la naturaleza del proceso de la toma de decisión económico y financiero en Egipto.

En el mismo contexto, The Economist supone, de una manera ridícula, que la economía egipcia se basa en las corrientes monetarias desde el Golfo y las ayudas militares desde los EEUU, Esto no podría estar más lejos de la verdad.  La revista no ha notado la disminución de las ayudas estadounidenses durante los últimos años. Asimismo, no contamos con ayudas de cualquier parte. A pesar de nuestra consciencia del volumen de las dificultades económicas y los desafíos estructurales que está confrontando Egipto, cualquier análisis objetivo con credibilidad debe tener en cuenta la grave crisis que lleva viviendo el país desde enero del 2011 y sus consiguientes consecuencias financieras.

El hecho de crear un nuevo modelo económico no es tan fácil y tarda mucho tiempo. Es necesario también señalar que el Ejecutivo ha elaborado un plan integral para superar los desequilibrios económicos y recuperar la economía egipcia al buen camino, así como establecer una base para un desarrollo global y sostenible a principios del 2030. Un plan que ha aprobado el Parlamento de conformidad con las medidas establecidas en la nueva Constitución egipcia que es el más avanzado en la historia de Egipto.

Sin duda, hay una larga lista de logros e historias exitosas en muchos sectores económicos a lo largo de los últimos dos años, sin embargo, parece que The Economist no los admite. A pesar de la inestabilidad sin precedente en la región, el retroceso de la economía, el volumen del intercambio internacional y los últimos eventos que perjudicaron el turismo y la inversión, el gobierno consiguió afrontar estos desafíos lanzando grandes proyectos con intensiva mano de obra para asentar una base sólida para el desarrollo económico.  

Se ha adoptado la visión de 2030 para el desarrollo sostenible y ponerla en marcha, además del salto conseguido en el ámbito de la generación de la energía y los egipcios lo aprecian y admiten. Se ha adoptado decisiones difíciles y atrevidos para la reforma de las políticas de subvención y los precios de la energía. Sin embargo, es importante enterarse de que el plan económico egipcio en Egipto no dará frutos de la noche a la mañana, ya que sus resultados no se limitan solo a la economía porque se consideran las dimensiones sociales y políticas. Nuestro compromiso con los principios de la economía del mercado requiere también proporcionar las garantías de que las reformas de la macroeconomía no afectan negativamente a los pobres.

Parece que The Economist ha optado por ponerse del lado de los que están empeñados en socavar a Egipto. Esperamos que la revista mantenga su credibilidad, reputación y su profesionalidad. Es extremadamente importante para nuestros socios, ser conscientes del hecho de que los egipcios no necesitan ser patrocinados o insultados por sus decisiones.

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